El chakra de la garganta está situado sobre la garganta física, tiene die­ciséis pétalos y es de color azul. Es el chakra del poder y, por me­dio del don del habla, que únicamente posee el hombre, puede liberar grandes cantidades de energía, tanto buena como mala.

Mediante el uso disciplinado de la palabra hablada, podemos hacer grandes progresos en la armonización de todos nuestros chakras. Con el mal uso —como sería maldiciendo en el nom­bre de Dios, o de Jesucristo, chismorreando, criticando, siendo sarcásticos, empleando palabras amenazadoras o «entablando conversaciones indecorosas»— nos hacemos mucho daño, e in­crementamos el nivel planetario de efluvios humanos.

Incluso la irritación contra otros y expresar en voz alta esa irritación provoca un desequilibrio dentro de todos los chakras, porque la garganta es el centro de mando a través del cual nues­tras fuerzas creativas fluyen hacia toda la vida, estableciendo el tono de nuestra aura y nuestra persona.

Este concepto no es nuevo. Jesús nos previno: «pero sea vuestro hablar: sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede». Esto no quiere decir que haya que excluir la comuni­cación necesaria entre las personas, sino que era una advertencia para nosotros de la gravedad del mal uso de la palabra; y también revelaba su conocimiento del poder de la palabra hablada para afirmar la Verdad.

A través de la afirmación de la Verdad — « sí, sí»—, la canali­zamos para que actúe en nuestra vida; y negando el error — « no, no » — desterramos los efectos del error en nuestra vida.

Jesús también nos advirtió de que «toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado».

Esto demuestra que Jesús creía que las palabras eran tan im­portantes como las acciones, y que ambas se pesarían en la evalua­ción final del alma. También es importante darse cuenta de que la charla frívola (así como el sexo frívolo) te deja sin la energía que necesitas concentrar en aras de una óptima ejecución. Mucha charla y poca acción, como cualquier otra indulgencia, derrocha la fuerza vital y revela una falta de control e integración personal. A pesar de su enorme importancia en las relaciones humanas, nuestra sociedad ha minimizado la palabra hasta tal punto que el cinismo y la mordacidad han devenido más importantes que la verdadera comunicación.

Como todos sabemos, la música es el barómetro de la socie­dad y, según dijo tan oportunamente el patriota escocés Andrew Fletcher, de Saltoun: «Si a un hombre se le permitiera escribir todas las baladas, no tendría que preocuparse de quién escribiría las leyes de una nación».

Tan sólo sintoniza en tu radio cualquier emisora popular.

Dime si puedes encontrar cuatro canciones seguidas donde no se degrade algún aspecto de la vida. Todo se vuelve vulgar. Cada ac­ción tiene un motivo escondido. Se describe a la gente como si no fuera sincera en palabras o hechos. Incluso las palabras mismas dejan de tener sentido en la mente de muchos. La gente puede mentir, maldecir, criticar, y todo se justifica con el prosaico co­mentario: «sólo son palabras».

Toma como ejemplo la famosa canción del grupo Missing Persons. Habla por sí misma. El letrista obviamente sigue la moda imperante del cinismo musical, pero termina la canción haciendo un comentario social muy preciso. Esto no quiere decir que la letra de la canción realmente signifique para él algo más que para su oyente imaginario:

«Palabras»

 Por:

Terry Bozzio y Warren Cuccurrullo

 

¿Me oyes? ¿Te importa? ¿Me oyes? ¿Te importa?

Mis labios se mueven y

el sonido sale, las palabras se oyen, pero

yo tengo mis dudas de que te des cuenta de lo que he dicho.

Me miras como si estuvieras aturdido es como la sensación

al final de la página cuando te das cuenta de que

no entiendes lo que acabas de leer.

¿Para qué sirven las palabras cuando ya nadie escucha más?

¿Para qué sirven las palabras cuando nadie escucha?

¿Para qué sirven las palabras cuando nadie escucha?

No tiene sentido hablar.

Lo mismo da ir y

hablar a una pared porque todas las palabras

son inútiles; es gracioso estar solo.

 

Algo tiene que ocurrir

que cambie la dirección. Lo poco que se filtra

te está dando la impresión errónea; es un estado lamentable…

 Ciertamente lamentable. La parte más triste de esto es que, para muchos, las palabras se han vuelto vacías, se emplean para manipular a otros o expresar ira. Aunque la mayoría de los que la escuchen no se tomen en serio la canción, es una descripción válida de la forma en que mucha gente se comunica.

Gran parte de la interacción social de hoy día está regulada por la mentalidad consistente en ponerse por encima de los de­más, encubriendo, al mismo tiempo, cada afirmación ofensiva con un chiste o una broma para herir a otro sin enojarle. Y que Dios libre al pobre individuo que se lo tome en serio, porque se reirán todavía más de él y le llamarán « paranoico » o le dirán: ¿Es que no sabes aguantar una broma?

Generalmente, la forma en que esos ‘modernos’ ejecutan este juego es a base de desarrollar una lengua afilada, lista para contra­rrestar cualquier estocada de otro ingenio mordaz con un golpe incluso más incisivo. Entonces todo el mundo se ríe y se supone que nadie queda mal.

Pero, ¿es así realmente? ¿Qué pasa con las profundas cicatri­ces que se infligen al individuo sensible y confiado? ¿Qué pasa con el buscador sincero cuya naturaleza no le permitirá participar en este tipo de juego? ¿Debe ser expulsado de la sociedad, tildado de simplón?

Ciertamente todo lo expuesto anteriormente no tiene nada que ver con la función que el chakra de la garganta se supone que debe realizar. Cuando alguien está acostumbrado a no oír nada más que indirectas y sarcasmo a su alrededor por parte de todos, quién puede sorprenderse de que este individuo «deje de escuchar»?

En nuestra sociedad, ante todo necesitamos percatarnos de la importancia de la palabra. Ahora que la comunicación se ha automatizado, y las computadoras ‘hablan’ unas a otras más rá­pidamente y con más precisión que la gente, creemos que la tec­nología es la cura para todos nuestros males. Fíjate tan sólo en la palabra tecnología. Viene del griego tecbne, que significa «arte» u «oficio», y logas, que significa «palabra». Así pues, estamos en la era del arte de la palabra, y la comunicación entre los indivi­duos es uno de nuestros mayores problemas.

La plegaria de David debería ser la nuestra: «Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Señor, roca mía, y redentor mío».Si todos pensáramos lo que decimos cada vez que lo decimos, como si estuviéramos hablando delante de Dios, nuestras conver­saciones serían completamente distintas. Éste, pues, es el primer paso para limpiar el chakra de la garganta: purificar nuestro len­guaje.

La auténtica fuerza de la voluntad de Dios que nosotros usa­mos mal en este centro puede convertirse en el poder para hacer funcionar la ley cósmica en nuestra vida.

Prueba con este mantra de  victoria crística en ti:

 

¡No mi voluntad,

no mi voluntad,

no mi voluntad,

sino que se haga la Tuya!

Al decirlo mental o verbalmente, puede incluso utilizarse para mantener el ritmo de tus ejercicios. Visualiza la llama azul del proyecto original de la Vida obrando a través de tu chakra de la garganta y de la palabra hablada para recargar tu cuerpo con la voluntad integradora del universo.

 

El lugar del sol

 Complementando a la garganta, debajo del corazón, se encuentra el chakra del plexo solar. Está localizado en el ombligo, y corresponde al centro nervioso que hay ahí. Tiene diez pétalos y su color es una combinación de morado intenso y oro metálico. Cuando te sientes agitado y notas ese desasosiego tan conocido «en la boca del estómago», sabes que es tu plexo solar el que ha sido afectado.

Esta energía normalmente se libera a través de la garganta usando palabras dañinas. Los chakras de la garganta y el plexo so­lar están relacionados, de manera que, cuando están en armonía, las energías de ambos convergen en el corazón, manifestando una comunicación pacífica y amorosa. Cuando alguno de ellos está desarmonizado, ambos chakras quedan afectados.

Muchas de nuestras emociones se expresan a través de estos dos chakras. Notarás que, en circunstancias normales, cuando la gente expresa sentimientos de amor, bondad, o cualquier otra emoción positiva, suele hablar de forma reposada y con un tono de voz que resuena. En el momento en que el plexo solar se agita, el tono de voz y el volumen se elevan. Esto es más notorio cuando la persona se encuentra en un estado de ansiedad o ira.

Controlar el plexo solar requiere la maestría sobre nuestras emociones por medio de la atadura a la voluntad de Dios, me­diante el fuego sagrado del corazón. Cuando las emociones están controladas, podemos comenzar la purificación de este chakra con la meditación y los decretos dinámicos.

A la vez que visualizas el chakra tal como se muestra (véase pág. 113), recita El Bálsamo de Galaad. Esta oración te ayudará a calmar tus emociones (tus energías en movimiento), siempre que te sientas fácilmente inquieto o agitado.

 

Oh, Amor de Dios, inmortal Amor,

envuelve todo en tu rayo;

¡Envía compasión desde las alturas

para elevar a todos hoy!

¡En la plenitud de tu poder,

difunde tus gloriosos rayos

sobre la Tierra y todo lo que en ella hay

donde la vida en sombra aparenta estar!

Que la Luz de Dios resplandezca

para liberar a los hombres del dolor;

¡elévalos y revístelos, oh Dios,

con Tu poderoso nombre yo soy!

El plexo solar está estrechamente vinculado con el alma. Por lo tanto, si este chakra se conserva puro, estarás más en contac­to con tus verdaderos sentimientos y tu yo. Nuestras emociones, que acrecientan el deseo puro por el Yo Superior, tienen como finalidad ampliar el alma y el potencial de ésta.