“Debemos considerar tanto la difusión como la con­centración de la conciencia. Es frecuente que idealistas y buscadores espirituales disipen sus energías por doquier. Por otro lado, algunas personas concentran tanto su aten­ción que bloquean su receptividad a nuevas ideas o al libre intercambio de conceptos con los demás.

Es lógico y es cuerdo ponerle límites a la conciencia de uno. De lo contrario, sería fácil que el pesado y antiguo equipaje mental y los pensamientos errabundos rom­pieran el marco necesario para mantener un campo de acción funcional. Aun teniendo esto presente, uno debe cuidarse de que estos límites no creen una rigidez excesiva que inhiba la receptividad.

 

Afinidades del alma

Es muy frecuente que al examinar los registros akáshicos de un individuo encontremos que las almas se sienten atraídas entre sí debido sólo a su karma mutuo. Pero uno de los más sabios maestros de antaño, Sri Magra,  dijo: «Las afinidades son los “finos lazos” que se establecen en el perfecto equilibrio del corazón, donde los afectos naturales se intensifican gracias al deleite que uno siente cuando da y a un agraciado estado de receptividad».

Por tanto, que las almas se atraigan de acuerdo su vocación suprema en Dios. Que los corazones magnánimos se unan para servir. Porque su gozo en la ley de Dios puede vencer las condiciones kármicas que, de otro modo, los enfrentarían.

 

La mala comunicación provoca malentendidos

El desgraciado estado del ego humano, en lo relativo a su compromiso personal con otros egos, a menudo destruye hermosas amistades antes de que nazcan. Vemos que esto ocurre siempre que una ruptura de la comunicación provoca equívocos. Pese a ser cierto que esos malentendidos son una farsa (y nadie debería sentir ren­cor hacia otra persona debido a ellos), con frecuencia ob­servamos la tendencia humana a imitar los peores ejem­plos de todas las épocas, en lugar de imitar los mejores.

El salmista observó las insensatas actividades de la gente y se preguntó: « ¿Por qué se agitan las naciones, y los pueblos mascullan planes vanos?»Más, en realidad, ¿qué puede uno hacer cuando alguien insiste en hacer las cosas a su manera?

El niño rebelde pocas veces sabe por qué actúa como actúa o por qué aparecen las reacciones de la vida (el re­greso del karma). Nos encontramos, pues, ante acción y reacción. En el curso de los sucesos del día, los seres humanos continuamente hacen que ocurran cosas, a menos que debido a una neutralidad excesiva sean llevados de un lado otro por todos los vientos.

 

Supera el hábito de reaccionar

El Dios eterno desea ayudar al discípulo avanzado entender que para ser parte del motor primigenio del universo, parte del Espíritu Santo, debe guardar el camino de la plenitud en el cuerpo de Dios tanto como le sea posible. Esto quiere decir que no debe reaccionar a las acciones de los demás.

Desde el Dhammapada, las enseñanzas del Buda re­suenan claramente hablando de los lamentos de los hom­bres: «”Ha abusado de mí, me ha golpeado, me ha derro­tado, me ha robado”: en quienes albergan estos pensa­mientos nunca cesará el odio». A lo largo de los tiempos, los hombres han contado los agravios recibidos de otros seres vivos. No dudamos de que muchos de estos agravios tuvieran su origen en injusticias, pero creemos que la fe­licidad es lo más importante. Como dijo el Buda: «Si un hombre habla o actúa con pensamiento puro, la felicidad le sigue como una sombra que nunca le abandona».