EL DRAGON EN LA LINEA DOCE DEL RELOJ:  

LA PERVERSIÓN DEL PADRE

El dragon
Situamos al dragón en la línea doce del reloj.  El dragón es la perversión extrema de Dios en su faceta de Padre, de legislador, de poder.  El dragón en su inmensidad simboliza un campo energético, ese vórtice de energía que ha tomado el poder de Dios y ha creado la imagen de la bestia, es decir, una forma monstruosa.  La conciencia de ese dragón, exactamente opuesta a la de Dios, el Padre, da paso a ciclos oscuros y proporciona un poder pervertido a la bestia.  El dragón es la falsificación de la impersonalidad impersonal del Gran Director Divino.  En el Apocalipsis aparece representado en la figura del acusador de los hermanos, que hallamos en la línea doce del reloj.

La condenación constituye la perversión del poder divino.  Es ese martilleo, esa agresión a la mente que continuamente echa por tierra tus esfuerzos diciéndote que no vas a lograrlo, y que impregna la conciencia colectiva con el deseo de fracasar.  Es la presión descendente sobre el chakra de la coronilla que empuja las energías de ésta hacia los chakras inferiores por la acción del dragón, motivando el uso erróneo a través de la lujuria y la sensualidad.

Este es el cuadrante del cuerpo etérico, el cuerpo del elemento fuego.  Partimos de que el dragón es la perversión del fuego, es decir, del fohat de la creación.  La creación de la bestia en sí y del dragón representan el uso erróneo del fuego sagrado del hombre y de la mujer, de los Helohím, de la semilla y el embrión de Dios Padre/Madre, originando con ello esta forma monstruosa que hierve con toda la rebelión acumulada de los caídos.  Esta vibración actúa a nivel subconsciente en tu propio cuerpo etérico en forma de autocondenación, de condenación de otros y de negación de Dios.

Fíjate como muchos seres humanos, hallándose sometidos a la influencia de este dragón en su propio subconsciente, niegan a Dios.  Tal vez no expresen de forma explícita que Dios no existe, o lo hagan de un modo tan descarado como en el ateísmo, pero quizá lo manifiesten mediante una de las perversiones de Piscis, tales como duda en la existencia de Dios, miedo a que nos castigue, miedo a que no sea justo, o bien mediante la creencia de que Dios es un ser distante e iracundo (perversión de Acuario) en vez de ser un Dios de amor.

 Relegar a Dios a un cosmos distante, en el que deja de formar parte de nuestra vida, supone Su negación, lo cual manifiesta una energía que se opone a Él de un modo muy sutil.  Al fin y al cabo, si el dragón saliera de pronto de tu subconsciente y te dijera:  “soy el dragón, una perversión de Dios, y voy a procurar que fracases”, tu reacción inmediata sería sacar la espada y ¡acabar con él!  Pero el dragón es muy sutil: es nuestra propia consciencia carnal.  Se manifiesta al hacernos dudar de que la Presencia YO SOY sea real. De que pueda cumplir la ley del ser en nosotros, de que vaya a interceder cada vez que hagamos un llamado o de que sea capaz de derrotar totalmente al dragón mundial, a la acumulación de energía que hay en el mundo y al subconsciente colectivo de las masas.
Comprendamos, pues, que cuando sentimos esa acumulación de autocondenación y condenación hacia otros, de odio hacia uno mismo o bien de leve antipatía hacia los demás, de duda, muerte o creencia en la muerte, todo esto no es mas que la conciencia del dragón robando el fuego de nuestro cuerpo etérico, privándonos de la gloriosa victoria de la luz de las jerarquías solares en ese cuerpo.

Se trata de una conciencia de maldad muy sutil.  Es maldad enmascarada.  No suele estar activa sino en personas dementes o en aquéllas que de repente se ven impulsadas a cometer delitos o asesinatos en masa.  Y, no obstante, ahí está.

Es como un campo energético a niveles subconscientes, de aspecto negro plateado, que brota, nos aguijonea y provoca esas emociones y energías a veces agresivas que nos sobrevienen. En realidad, no miramos de frente a este tipo de fuerza hasta que la desafiamos, hasta que, de todo corazón, aceptamos por completo a Dios, las enseñanzas, el sendero y el propósito de la ascensión. Ello es así, porque, si no estamos en el sendero, seguimos formando parte de la conciencia colectiva de las masas.

Dicho de otro modo, solo podemos encontrarnos en dos puntos:  en el sendero o en la conciencia de las masas.  No hay un punto intermedio.  Ese punto medio es un lugar ilusorio.  La gente cree estar en él, pero no es así.  En realidad, pertenecen a la conciencia de las masas.  Por ello, cuando decides avanzar en contra de la corriente de esa conciencia, te enfrentas con todas esas fuerzas, lo cual les hace sentirse muy incómodas, de manera que comienzan a dar gritos de agonía y a generar ansias de muerte en el interior de tu conciencia.  Es entonces cuando experimentas la batalla de Armagedón.

Hay quien al abrazar las enseñanzas de los maestros piensa: “Cuando iba a esta o a aquella iglesia no tenía ningún problema.  Ahora que estoy estudiando las enseñanzas de los maestros ascendidos me están sucediendo todo tipo de cosas y me está suponiendo un verdadero esfuerzo mantener mi luz en armonía.  ¿Qué me está ocurriendo?”  Así que, como a la gente no le gusta esforzarse, a menudo regresa a la calma, a la tranquilidad y a la corriente descendente de la ortodoxia, ese aspecto de la ortodoxia que constituyen las enseñanzas de la Hermandad una vez pervertidas.

EL EXORCISMO DEL DRAGÓN

Para deshacer el error y poner en alineamiento el cuerpo etérico debe exorcizarse el dragón.  ¿Cómo lo hacemos?  Tenemos el fuego violeta.  Tenemos a la poderosa Astrea.  Tenemos a nuestro ser Crístico y a nuestra Presencia YO SOY y podemos pronunciar un fíat:

“En el nombre del Cristo, en el nombre del YO SOY EL QUE YO SOY,

exijo que se ate al dragón que está en mi cuerpo etérico.  Pido la transmutación de la causa y el núcleo de la conciencia del dragón, la semilla y el embrión del dragón y todo lo que permanezca supeditado a la influencia del dragón en mi subconsciente.  

¡Que esto se cumpla ahora en el nombre de Jesucristo!  Y ¡que el Arcángel Miguel y la poderosa Astrea penetren mi cuerpo etérico hoy y me purifiquen de la causa y el núcleo de todo lo que sea inferior a mi Presencia YO SOY y a mi ser Crístico!  

Acepto que esto se cumpla ahora con el pleno poder de la llama trina dentro de mi corazón.”

A continuación puedes recitar tu propia oración o llamado con fervor.  Aplica las enseñanzas de la Hermandad.  Arrodíllate si es necesario cuando sientas la tentación y la fuerza del dragón, y no permitas que te domine.  Llama al Arcángel Miguel para que empuñe su espada y mate al dragón.  Todo el espíritu de la Gran Hermandad Blanca refuerza el llamado del hijo de Dios que desee proteger el campo energético de su propio microcosmos.

 

EL ANTICRISTO Y LA BESTIA EN LA LINEA TRES DEL RELOJ:

LA PERVERSIÓN DEL CRISTO

El mismísimo anticristo se encuentra en la línea tres del reloj en posición de desafío al Cristo, y de ahí nacen todas las perversiones de la Deidad: el dragón, el falso profeta y la gran ramera.  El anticristo es el punto de apoyo para todo aquello que se opone a cualquier aspecto de la Deidad.  Lo que se encuentra en la línea doce del reloj es lo que se opone al Padre.  Lo que está en la línea seis, la gran ramera es lo que se opone a la Madre.  Y lo que está en la línea nueve es lo que se opone al Espíritu Santo.  Es una frecuencia exactamente opuesta a la de la luz, que se opone a ese campo energético.
En la línea tres del reloj, a las órdenes del anticristo, se halla la bestia.  En el Apocalipsis se mencionan dos bestias: la bestia que subió del mar y la bestia que subió de la tierra.  Estas son las dos bestias que, guiadas por el anticristo, pervierten los cuerpos emocional y mental.  La bestia es la mente carnal, la serpiente que tal día caminara sobre su vientre ante Eva, ahora en plena madurez.  La bestia del Apocalipsis es la forma adulta de la serpiente del Génesis, que creció gracias a la aceptación que tuvo entre las almas.  Al aceptar la mentira del término medio en que consisten el bien y el mal relativos hemos alimentado a la serpiente, la cual ha crecido hasta convertirse en la bestia.

La bestia controla casi todo el cinturón astral y el plano mental del planeta.  Pero no en su totalidad, porque los seres crísticos y quienes tienen la verdadera luz y conocen las verdaderas enseñanzas sostienen la llama y no permite que sus cuerpos emocional y mental queden contaminados.

Y no me refiero tan sólo a los estudiantes de los maestros, porque en cualquier clase social o religión se encuentran almas que poseen luz real y que son devotos sinceros; lo se porque los he conocido en todo tipo de iglesias, enseñanzas y condición social.
En su mayor parte, el cuerpo mental está contaminado por la bestia del orgullo intelectual, la ambición y la competitividad; y el plano astral, por todos los usos erróneos de la llama de la pureza de la Madre divina.  Saint Germain ha dicho que el plano astral es la cloaca de la consciencia de la humanidad.  Este plano se encuentra hoy en día en tal estado a causa de las tentaciones de la bestia que llevan a la gente a realizar todo tipo de perversiones y a usar erróneamente la energía de Dios.

Muchas personas que estudian el Apocalipsis identifican el dragón, la bestia, el falso profeta y la gran ramera con individuos concretos que se encuentran actualmente encarnados.  No creo que esto sea necesario; de hecho, puede que haya uno o varios en el planeta que aglutinen una mayor concentración de energía de aquellos cuatro que el resto de nosotros, y puede que sobresalgan entre los demás gracias a estar dotados de mayor maestría y del campo energético del velo de energía.  No obstante, pienso que señalar con el dedo a alguien, incluso a Lucifer mismo, nos desvía de la victoria y del campo de batalla que en realidad se encuentra dentro de nuestra propia alma.

Creo que es muy peligroso decir: “El diablo me ha hecho hacer tal cosa, esa “fuerza” me hizo hacer tal cosa, este o aquel me hicieron hacer aquello y por eso he pecado, por eso he caído”.    Es exactamente lo que Adán respondió: “Eva me ofreció la manzana y comí”. Y, a su vez, Eva replicó: “La serpiente me tentó y por eso comí de la manzana”.  De modo que cada cual busca a alguien a quien culpar por su pérdida de conciencia.

No es para tomárselo a broma.  He recibido recientemente una carta de un estudiante que, según cuenta, infringió las leyes de Dios.  Pero, en vez de asumir la responsabilidad, decía: “la fuerza iba en contra de mí, era una conspiración: la oposición me cercó y sucumbí”.  Es una vieja mentira.  Pablo preguntó: “¿Quién os estorbó para no obedecer la verdad?”  ¿Quién lo hizo?  Si no eres capaz de asumir tu propia responsabilidad, jamás progresarás en el sendero de la ascensión.  Vivirás engañado hasta perder la vida y el alma, hasta que te encuentres de pie en el estrado pendiente del juicio final.