La Ciencia de la palabra hablada

Poder de la Palabra:

El apóstol Juan escribió: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios”. En el Génesis también menciona el poder de la palabra, para crear, Dios dijo: “Hágase la luz”.

Los maestros en oriente y occidente comprendieron y utilizaron esa fuerza de creación que es el poder de la palabra hablada, mediante la repetición oral de mantras y oraciones. El sonido tiene el poder de cambiar y alterar la materia y eso explica por qué la oración hablada es mucho más eficaz que la oración en silencio.

Los Maestros Ascendidos han desarrollado este ejercicio a través de una poderosa forma de oración hablada, llamada La Ciencia de la Palabra Hablada que han enseñado y enseñan a sus estudiantes. Mediante la técnica de recitar mantras, oraciones y decretos se dirige la esencia de la luz de Dios, de la Presencia YO SOY y de los seres cósmicos a los planos de la materia para la transformación de nuestro mundo.

¿Qué es el Decreto?

El decreto es la más poderosa de todas las peticiones a la deidad. Es una forma dinámica de oración hablada que usan los estudiantes de los Maestros Ascendidos para dirigir la luz de Dios a asuntos personales y mundiales.

Puede ser corto o largo y normalmente se caracteriza por tener un preámbulo formal, un cuerpo del decreto y un cierre o aceptación.

Es la Palabra de Dios autorizada, pronunciada por el hombre en el nombre de la Presencia YO SOY y del Cristo vivo, para producir cambios constructivos en la Tierra de acuerdo con la voluntad de Dios. Es también el derecho de nacimiento de los hijos e hijas de Dios: “dadme órdenes” (Isaías 45:11). “Decretarás una cosa y te será establecida; y por tus caminos brillará la luz. (Job 22:28).

¿Cómo se Decreta?

Antes de empezar a pronunciar las palabras del decreto, sentaos en una silla recta y cómoda y en un cuarto bien iluminado donde no seáis molestados, asegurándoos de que el cuarto esté arreglado, limpio y bien ventilado. (El polvo y el desorden, el aire viciado y la poca iluminación reducen la eficacia de los decretos porque impiden el flujo de la luz y ahuyentan a las huestes angelicales, que siempre ayudan al suplicante a amplificar la descarga de las energías santas de Dios.)

Visualizad a la Presencia de Dios encima de vosotros y a vuestro yo inferior envuelto en la llama violeta, proporcionada por vuestro Santo Yo Crístico, y visualizad la llama trina pulsando y expandiéndose desde vuestro corazón; la pluma azul y vuestra izquierda, la rosada a vuestra derecha y la amarilla en el centro.

Mantened rectas la columna vertebral y la cabeza, las piernas y las manos sin cruzar, y los pies asentados en el suelo. (Una mala postura abre la conciencia a las fuerzas negativas porque el plexo solar, que es la entrada de las emociones, no está controlado. El cruzar las piernas y los brazos causa un “cortocircuito” en las energías designadas a fluir a través del individuo para bendecir a toda la humanidad).

Por lo tanto, recordad las palabras de San Pablo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”, y permitid que las energías de Dios fluyan a través de vuestro cuerpo. Sostened vuestro libro o una hoja de decretos a la altura de la vista, de tal manera que no os inclinéis al decretar. Si lo preferís, podéis sentaros ante un escritorio o una mesa donde podéis apoyar el libro frente a vosotros, dejando así las manos libres y en reposo, palmas hacia arriba, para recibir las bendiciones de Dios a través de los Maestros.

Pronunciad el decreto lenta y claramente sin esforzaros, hasta que podáis comprender plenamente el significado de su contenido. Después concentraos en el ritmo y comenzad a acelerarlo. Veréis cómo vuestra mente puede aprender a seguir con la velocidad del relámpago los conceptos y la descarga del poder que se presenta a medida que recitáis los decretos con mayor facilidad.

Es importante respirar profunda y regularmente, usando el poder del aliento de fuego de Dios para proyectar la luz a través de todo el cuerpo y después hacia el mundo, para bendecir toda vida con la magnetización de la energía de Dios enfocada a través de la llama de vuestro corazón.

Cuando decretéis por vuestros seres queridos, invocad primero a vuestra Presencia YO SOY y vuestro Santo Yo Crístico, tal como está escrito en el preámbulo del decreto que estéis dando. Luego, incluid en el preámbulo vuestro llamado a la “Poderosa Presencia YO SOY y al Santo Yo Crístico de……………” (pronunciad el nombre de la persona o personas por las que deseéis decretar).

Al hacer el llamado a la presencia Divina de los que necesitan asistencia espiritual, abrís la fuente del cielo a sus mundos, a fin de que todas las bendiciones divinas de la luz puedan fluir para curar cualquier condición de imperfección que pueda estar manifestándose. Este servicio se puede prestar sin necesidad de verse envuelto personalmente en una determinada situación; porque, por vuestros llamados, los Maestros Ascendidos reciben la autorización para entrar en acción y tomar el mando sobre cualquier persona, lugar, condición o cosa a los que vosotros, en el nombre de Dios, dirijáis su atención.

Observaréis que todos los decretos tienen el siguiente final:

Y con plena Fe, conscientemente yo acepto que esto se manifieste, se manifieste, se manifieste! (x3), ¡aquí y ahora mismo con pleno Poder, eternamente sostenido, omnipotentemente activo, siempre expandiéndose y abarcando el mundo hasta que todos hayan ascendido completamente en la Luz y sean libres!

¡Amado YO SOY! ¡Amado YO SOY! ¡Amado YO SOY!

La plena aceptación de la manifestación de un decreto en vuestro mundo es de suma importancia, porque es justamente aquí en la octava física donde se necesita la luz de Dios. Al dar los decretos, el solicitante atrae la luz de las octavas superiores de perfección humana.

Nosotros no necesitamos perfeccionar a Dios o a su Cristo, pero sí requerimos de cambios en este mundo de caos, enfermedad, desdicha y muerte. Estos cambios sólo pueden efectuarse atrayendo la luz de Dios y aceptando conscientemente esa luz que infaliblemente da al hombre su libertad en el momento y en el lugar en que decida dar sus energías en forma de decretos hasta que Dios pueda manifestar Su obra perfecta en él.

Sin la aceptación consciente de la manifestación de la respuesta a nuestros decretos, las energias puras de Dios bien podrían permanecer en las octavas superiores del ser, una matriz no realizada en la Materia y desligada del mundo de las formas materiales. La Palabra hablada es la clave para atraer la luz del cielo hacia la Tierra.